La Ciudad de las sombras que crecen

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Desde la eternidad, me hice historia en una ciudad mediterránea, la que fue mutando su piel mientras se expandía lentamente, pero con precisión casi mecánica.
Es así que se hizo tiempo, con el tiempo, se moldeó con fuego, tierra y agua, se hizo luz bajo el sol abrasador del mediodía. Sufrió una larga y despiadada metamorfosis.
Sus sombras fueron creciendo bajo el ala de sus construcciones, haciéndose cada vez más largas…Y ese sol que brillaba eterno, se hizo frágil, ocultándose, esquivo y frío.
La materialidad firme del cemento fue cobrando vida y haciéndose demasiado fuerte y ajena, corporizándose inerte y contraponiéndose a la fragilidad humana. El hombre comenzó a hacerse tenue, frente a tanta majestuosidad.
 Es así, que se perdió la sencillez de los primeros tiempos, la transparencia insustancial y su docilidad extrema a la naturaleza. Tal vez, sucumbiendo frente a la condición humana y paradójicamente alejándose de ella.
El hombre pretendió domesticar a la Ciudad, pero no pudo, porque ella en su terquedad manifiesta, no lo permitió. Su voluntad, fue frenar la pérdida de su libertad, aún a costa de su identidad extraviada.
Y ahora, la gran tarea frente a la magnitud de esta creación humana, es ir recuperando su maternidad generosa, sus olores primigenios, expandir la densidad del aire, abrir el camino a sus antiguas noches estrelladas. Es decir, recordar su genética latente.
Ya, sin mirar atrás, y sin negar las enormes posibilidades del tiempo presente, tratar de ir recuperando minuto a minuto, nuevos instantes mágicos. La Ciudad seguirá su metamorfosis, no hay por qué impedirlo, ni tiene sentido… pero ahora sí, desde la perspectiva humana.


Cecilia Montoya /// 2011


1 comentario:

  1. Tiene que ser difícil recuperarla, pero debe valer la pena intentarlo...

    Hasta en esto haces pura poesía, me ha encantado.

    Muchos besos.

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